viernes, 12 de enero de 2018

Esto no es la casa de Bernarda Alba


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El otro día volví al teatro y cumplí uno de mis sueños, que es ver en vivo al gran actor Eusebio Poncela, uno de mis preferidos, que en Martín H, junto a otro grande como fue, y es, Federico Luppi, interpretan uno de los mejores duelos dialécticos de la historia del cine.
Lo suyo es personalidad, talento innato, o qué sé yo si trabajado.
Después de merendarnos una ración de nachos y unas birras en uno de los bares que frecuento, junto a los cines Verdi, donde va la juventud -son mis preferidos, aquí entre tú y yo, suelo elevar la media de edad a los 19 o 20 años, me impregno y me empapo de savia joven con sólo oler y mirar lo que me pertenece por derecho, ¡oh, divino tesoro!- llegamos a los Teatros del Canal y nos sentamos en butaca de patio, por primera vez, y mira que he ido a esos teatros, pero siempre me ponen en los palcos o en el gallinero, en el teatro de hoy no sé cómo se llamará, un tanto incómodo, donde hemos de ver ladeados la función.
Digo a los que conmigo van:
-Siempre que vengo al teatro me encuentro con alguien conocido.
-Es verdad -afirma la que se sienta a mi derecha-, me pasa a mi también, que me encuentro con algún amigo.
-Me refiero a alguien famoso.
-Pues mira, ahí la tienes -me advierte la que se sienta a mi izquierda-, Cifuentes.
-Coño, la Cifuentes -exclamo mirando hacia delante  donde se sienta, en las primeras filas, una señora rubia y con coleta, nuestra presidenta.
Es que no falla, aunque no sea del todo cierto, sucede con tanta frecuencia ... y sobre todo hoy después de comentarlo. Misterios de la física cuántica.
Esto no es la casa de Bernarda Alba es una versión de José Manuel Mora y dirigida por Carlota Ferrer de la obra lorquiana La casa de Bernarda Alba, uno de sus dramas más célebres, más intensos líricos lorquianos. Quizá junto con Yerma y Bodas de Sangre.
En esta versión quien interpreta no son mujeres, sino hombres haciendo de los personajes femeninos, salvo la excepción de Amelia, que es interpretada por Julia de Castro. Y se agradece.
Eusebio Poncela, como no, es Bernarda, y nos sorprende a todos desde las primeras palabras en su boca.
En seta versión se añade texto, hay discurso feminista, que nunca está de más, por si a alguien se le olvida lo que debería ser obvio.
Me dice alguna de las que conmigo va:
-Ültimamente las obras que vamos a ver son muy feministas.
Y es cosa molesta. Y por eso está bien que esté, para incomodidad del respetable y que llegue a conclusiones o razone si acaso.
Quizá incomode por lo repetitivo. Pero es que si no se olvida.
Pero este es otro discurso y deberá ser debatido en otro momento, en otro lugar, que aquí estamos para hablar del latido lorquiano, que aquí se respeta y se mantiene y late con esa hondura.
Dice el tópico:
-Es que Lorca conocía el alma de la mujer como nadie.
Y disiento. Lorca conocía el alma y ya, por eso fue el más genial, genio y figura, en al vida y en la muerte. Fue uno de esos milagros, en un camino nada fácil dio luz al mundo. En Literatura fueron Homero, Cervantes, San Juan de la Cruz, Oscar Wilde, Lorca. Sí, claro, y mucho más, pero es que éstos seres hicieron de la literatura algo sublime, hicieron Literatura.
De Homero poco sabemos, o ciego o colectivo. Cervantes y San Juan de la Cruz fueron presos, Wilde y Lorca fueron margen. Quien quiera entender que entienda. Y estos dos murieron por ello. Margen.
Y desde el margen hicieron milagros en la página de la Literatura.
También hay un aliño a la obra en esta versión, desde antes de abrirse el telón. Hay músicos, hay bailarines, hay música, hay máscaras y voces en off -la de Eusebio Poncela, por ejemplo, presentando la obra-.
Yo sí la recomiendo, no hagan caso de alguna crítica negativa que ha sido publicada en algunas páginas culturales de algún periódico, más que a la función en sí, a alguno de los actores.
Son buenos todos, y de todo saben hacer.
Recordaré siempre, entre otros de talles, al propio Eusebio Poncela, que hace de Bernarda, que sabe observar, pues cuando no actúa se queda quieto en el margen del teatro, observando a sus compañeros.
Y ese detalle me parece un hallazgo, porque a Bernarda, creo, no se le escapaba nada.

sábado, 6 de enero de 2018

Algunos versos sinestéticos

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Roja pasión
verde esperanza
amarillo chillón
negra mudanza
lunes marrón
azul romanza

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Y el viejo verde busca su rima
para la blanca inocencia


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jueves, 4 de enero de 2018

Por las noches

- Ratita, ratita,  ¿te quieres casar conmigo?
- Tal vez, pero, ¿cómo harás por las noches?
- ¿Por las noches? Dormir y callar.
- ¡Pues contigo me casaré! 
Charles Perrault. La ratita presumida.

Durante el día, en el trascurso en el que el sol todo lo ilumina, tenderé un manto de palabras locas y de rituales protectores sobre lo que es evidente, sobre lo que soy.
Hasta que este abrigo mío quede raído y deje traspasar las corrientes del frío.
¿Y por las noches que harás?
Dormir y callar.
Durante el día, cuando la claridad no deja resquicios de sombra alguna, comeré lo que no es aconsejable, beberé como no es debido, y amaré, oh, sí, querré, de una manera infame y vergonzosa.
Hasta reventar de soledad sabiendo que todas las bolsas que llené estaban rotas.
¿Y por las noches que harás?
Dormir y callar.
Durante el día, donde todo está bien, cuando todo se aprecia tal como es y por tanto debe ser, y que así sea, buscaré lo que no me corresponde y encontraré los sucedáneos del pudiera ser. Amaré como no es debido ni está prescrito.
Hasta que el ocaso venga a sumar todos mis pecados.
¿Y por las noches que harás?
Dormir y callar.
Durante el día, cuando las noticias de guerras y de hambrunas, de abusos y corrupciones, de todas las violaciones que burlan la inocencia y lo sagrado, cuando toda la bancarrota de la riqueza humana aflore,  todo este delirio nos golpeará dejándonos heridos e impotentes.
Hasta que la luna tonta y la ninfa desnuda vengan y nos inyecten la morfina de su canción para el dolor, de su nana para el sueño.
¿Y por las noches que harás?
Dormir y callar.
Resultado de imagen de RENÉ MAGRITTE, "MAN IN A BOWLER HAT" (1964)
Man in a Bowler Hat, Rene Magritte
Durante el día, con el ánimo cohibido por el frío del alba, buscaré otra vez el calor, la llama, la mirada. Aceptaré la mirada del ojo que ella me ofrece, vigilante en mis sueños, fuera de ella y de ella. Asumiré mis culpas. Aceptaré ser vigilado, cuidado y observado aunque nada yo entienda, pues ciego iré. Asumiré esa magia surrealista y simbólica, pues siendo un sinsentido habremos de aceptar que por ser bella es verdad, y su verdad es La Belleza y La Maravilla. Buscaremos y perseguiremos La Ninfa que da vida y hace florecer los descampados que habitaron frente a mi. Que mientras ellos hablan de lucha y de compromiso, día a día, durante el día, por las noches son el ejército de desolación que todo asola. Y yo, mi bien, mi Supremo Bien, con toda mi torpeza y mi poética torpe de encontronazos y golpes en lo obscuro, a tientas, seré ciego de día, para mirar a través del ojo suyo por las noches, y así soñar y poder dormir en paz.
Y por las noches ...
Dormir, callar ...
Tal vez soñar, quizás amar.

La belleza es verdad; la verdad, belleza. Esto es todo lo que sabes sobre la tierra, y todo lo que necesitas saber. John Keats.

miércoles, 3 de enero de 2018

Ifigenia - la de Eurípides, la de Vallecas, la de Lanthimos-

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Ifigenia en Aulide según una pintura pompeyana

Ayer volví al cine y viendo hipnotizado la última película de Giorgios Lanthimos decidí no dejar pasar esta correspondencia, ya que también hablaba, el personaje que podría corresponderse con Artemisa o Diana, de simbolismo y de metáfora. Brutal su discurso sangriento, además de poético.
Ya sabemos lo que dijo Charles Baudelaire, mi hermano del alma:
el hombre pasa a través de bosques de símbolos
que lo observan con miradas familiares.
El Sacrificio de un Ciervo Sagrado, la última película de este raro director griego que siempre me gusta, hace referencia al mito de Ifigenia, desde el mismo título, y lo adapta a su peculiar mundo extraño, surrealista, donde los personajes viven como en un sueño, una pesadilla. Así es su cine, desde que lo descubría en Canino -escribí aquí en su día sobre esta obra maestra de la alegoría, la metáfora, del absurdo también. Su cine después siempre sería así-.




Es una cuestión personal este post sobre correspondencias, ya que en las prenavidades, fui a ver con una cuñada y dos amigas suyas -hermanas- Iphigenia en Vallecas, en el Pavón, en el teatro Kamikaze, donde todo fue incómodo, desde las antiguas sillas de andar por casa al reto que nos propone María Hervás en su largo y genial monólogo, con texto de Gary Owen, pues es una adaptación a nuestro idioma de su Iphigenia in Splott. Tanta fue la implicación de la actriz con la obra, y del público con la actriz, que hasta una espectadora se mareó y cayó en uno de los momentos más duros del monólogo.
Es otra versión muy libre y aún así acertada del mito griego, esta vez con una crítica política y social muy dura. Merece la pena y la incomodidad, la pena y el desasosiego el verla. María Hervás será, ojalá, una de las grandes.



Así que avisado con unas semanas de anticipación, tomé las Tragedias de Eurípides, que las tenía abandonadas y muertas de risa junto a las también olvidadas y retadoras Tragedias de Esquilo, y de Sófocles. Hace tiempo leí todo Esquilo, y algo de Sófocles, pero no a Eurípides. La procrastinación es una de mis tragedias. Y en mi contra, ya que hallo contento y sabiduría, consuelo y edificación en estas lecturas tales.
Eurípides, el más humano de los trágicos griegos, el que más planta cara a los dioses. En esta lectura me enemisté con Agamenón y me apiadé e hice amigo de Ifigenia, de Climenestra, de Aquiles. Y como nos sucede con los dioses, miré confuso y aturdido a Diana, ¿pero por qué sacrificar una víctima inocente? Así como al tremendo muchacho de la obra de este trágico de la modernidad que es Lanthimos, que toma el papel de esa suerte de Artemisa o Diana, que responde: porque es lo más justo que se me ocurre.
Enormes, gigantes, trágicas y simbólicas las tres ifigenias, las tres obras, metáforas y alegorías de nuestra inocencia y nuestro castigo, también de nuestra cruel justicia.
Bravo por ellos que nos despiertan y enseñan, por estas tres creaciones que son una sola.
Ya lo dijo Baudelaire:

La natura es un templo donde vivos pilaresdejan salir a veces sus confusas palabras;por allí pasa el hombre entre bosques de símbolosque lo observan atentos con familiar mirada.
Como muy largos ecos de lejos confundidosen una tenebrosa y profunda unidad,vasta como la noche, como la claridad,perfumes y colores y sones se responden.
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martes, 2 de enero de 2018

Toni Erdmann y Lady Macbeth, las dos películas del año 2017

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Florence Pugh, perturbadora Lady Macbeth

Este año he dado gusto a una de mis pasiones, que es la de ir a las salas de cine para dejarme hechizar y enamorar. Ha sido un buen año para el Séptimo Arte, y yo soy muy poco exigente para rechazar o bufar, veo cualquier género y me contento con cualquier historia o aventura. Será el año de películas como Perfectos desconocidos, El otro lado de la esperanza, La librería o Lumiere, comienza la aventura. Todas ellas muy buenas, algunas geniales, y otras más que sería largo de comentar aquí.
Pero he escogido dos que me han turbado realmente, que me han dejado tocado, que tienen ese grado de intensidad añadida que las hace inolvidables. No han sido películas comerciales pero sin embargo se han mantenido en cartel durante un tiempo, muestra de que han tenido sus espectadores, pocos pero constantes, los amantes de un cierto cine de calidad.

Toni Erdmann


Es una comedia alemana dirigida por Maren Ade e interpretada por Sandra Hüller, la hija, y Peter Simonischek, el padre.
Comedia alemana. Los alemanes son geniales en otros ámbitos, ya nos lo han demostrado tanto en música como en filosofía como en literatura, pero, ¿comedia? Pues aquí tenemos una, y espero que se convierta en un clásico de la comedia, pues tiene algunos de esos ingredientes tales que llevan a la hilaridad y la sonrisa constante. Lo genial es que se conjugan, la chifladuras y golpes de efecto, con el bochorno y el estupor y hasta la vergüenza.
Es la historia de una triunfadora a la que le falta algo: ser feliz. El padre se da cuenta y hace lo posible por enterarse de cuál es el problema, de subsanarlo. ´
Inolvidable Toni Erdmann, tan humano que existe. Lo que se dice un metepatas que mete en apuros a su hija con buenas intenciones pero muy torpemente. Y sin embargo lo consigue, ese despertar, ese contacto con la emoción que necesitaba. A través de la ternura y el humor el padre se hace con la trama y con el espectador.
El espíritu de Erdmann me ha seguido hasta hoy, acompañándome en muchos pasos.
Esta película fui a verla a los cines Golem -los únicos que mantienen en cartel durante un tiempo prolongado sus películas- con mi amiga Ch., que está peleada con medio mundo.




Lady Macbeth


Esta película fui a verla en los cines Renoir de la calle Martín de los Heroes, un poquito más allá de los Golem, con mi amiga Q, con la que está peleada Ch.
Es curioso que las dos películas que más me han tocado la fibra sensible hayan sido vistas con dos personitas que entre sí no.
Dirigida por William Oldroyd e interpretada por Florence Pugh, esta película está basada en la novela Lady Macbeth de Mtsenk , del escritor ruso Nikolái Leskov, que a su vez está inspirada en el personaje Lady Macbeth de William Shakespeare: " Mis manos son de tu color, pero me avergüenzo de tener un corazón tan blanco"
Turbadora, bella y cruel, esta película es un thriller de época ambientada en la época victoriana, en la campiña inglesa.
Ella es casada y sometida al sopor, hasta que un aliciente llega a su vida y su zona oscura ilumina su vida, le da un sentido.
Casi una niña, bellísima y turbadora.
Turbadora la película y turbadora Lady Macbeth, sometida al aburrimiento e inactividad del marido y a la vigilancia del padre del marido.
Al marido le gusta verla desnuda y de espaldas, esa es la única actividad sexual que tiene este matrimonio. Luego él se va largas temporadas, y ella se queda.
Se queda con todos, el padre, el hijo, y todo el respetable.
Atroz, tremenda, cruel y perturbadora historia.
Turbadora.
Observad fijamente la fotografía que encabeza el post

lunes, 1 de enero de 2018

Cien Locos

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Venus de William-Adolphe Bouguereau


En lo único en que nos ponemos de acuerdo toda esta cofradía en permanente conflicto es en seguir las huellas que dejan sus piececitos desnudos.


domingo, 24 de diciembre de 2017

Otra alucinación de Navidad


Estoy callado idioma mi jardín
Evitando palabras tenaces
Un silencio fanático ruge
Mis pensamientos son ataúdes

Vago en la oscuridad pordiosero
Borracho de ocio y de crepúsculos
Boca muda mi viejo tañido
Espero oír la voz que no me llama

Nadie oye mis pasos yo tampoco
Abro y cierro los ojos en tinieblas
Mis pestañas se enganchan al vacío
Mi lujuria en el viento enfermo sangra

Espantado de mortal cansancio
Solamente vigilo mi silencio
Descubro tras la noche la gran puerta
donde el guardián invisible me espera

Carlos Edmundo de Ory



Aquél tipo que pude ser y no fui vino de otras navidades para mostrarme todo aquello que yo había perdido -o para ser exactos, todo aquello que yo no había ganado- por entregarme a una vida viciosa y procrastinadora. 
Yo fui hacia él para exhibir todo aquello que él había evitado siguiendo el camino de constancia y entrega al ideal. 
Yo le observé divertido, admirado, alucinado. Pues no había día en que no soñara con ser él, admirando los frutos de ese potencial que no había explotado,  y divirtiéndome en divagaciones. Alucinando, pues.

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Quimera, animal de la mitología griega

Èl me miró aterrorizado, con pavor verdadero, como dentro de la peor pesadilla. En su carrera hacia el éxito no había tenido tiempo en perder el tiempo con temores vanos como la vanidad de mi vida.
Él había leído todos aquellos libros que yo no; y había escrito todas aquellas novelas, relatos, poemarios y opúsculos que yo había querido realizar, o que había escrito y que ni siquiera había revisado, olvidándolos entre el moho del desvan de mis abdicaciones. Él había tenido muchas amantes, todas aquellas muchachas que yo tanto había deseado, y estaba casado con un amor verdadero, aquél amor que yo tuve tan fugaz como el veranillo de San Martín, permaneciendo en él como el eterno día deleterno  verano donde el frío no llega, no, si acaso la brisa acariciadora como sus manos de una blancura nívea derritiéndose por el calor de su pasión. De mi pasión. Él era un autor de éxito, reconocido por crítica y público. Él emanaba cultura por donde pasaba. Él enamoraba. Y era deseado. Y para colmo de parabienes, motivo de cochinas envidias y murmuraciones, era un gran filántropo. 
Laureles y premios. Sí. 
Yo le miraba, digo, divertido y admirado, alucinado y embalsamado por el licor del sueño que pudiera ser pero no es. 
Él me miraba, digo, aterrorizado y alucinado. Cómo iba a merecerse él esa pesadilla atroz, el reflejo en el espejo del tipo que había desperdiciado su talento , pordiosero, borracho de ocio y de crepúsculos con su lujuria que en el viento enfermo sangra ...
Frente a frente, enfrentados, dos hermanos gemelos o siameses acercándose el uno, tratando de huir el otro. Encadenados.
El gallo de la Nochebuena cantó y fue como si despertáramos.
Yo desperté como todos los días, legañoso y aturdido, pero lo intenté de nuevo, cogí el bolígrafo y sangré mi sueño y entre lágrimas añoré tu consuelo, mi niña, mi mano nívea y brisa, mi pasión del eterno día del eterno verano. Pensé en aquél tipo de mi alucinación, aquél que pude ser y no fui, y me encogí de hombros, casi aliviado o no, mejor decir liberado de su carga ambiciosa cargada de miedo al fracaso. No sé ni me importaba conocer por qué andurriales andaba, olvidado de mi, su hermano mendigo, mendicante. Que en los arrabales de la vida una y otra vez se levantaba y caía, y se soñaba y se seguía, estrella en el firmamento, tú, mi hermano, mi yo soñado y no existido. Mi quimera.
Quizá porque yo le miraba sin miedo, pues acostumbrado a la caída y al fracaso yo seguía y caminaba, yo vivía y existía. Yo, el perdedor, continuaba nuestra historia.
Quizá porque él me miraba atemorizado a que yo hubiera podido ser, y sin embargo yo era. Él, acostumbrado al triunfo y la ganancia, se quedaba parado y quieto y anclado en el limbo de los que pudieron ser. Pero infortunada o afortunadamente, realmente, no fueron. 
Oh, sí, yo pese a tanta derrota, soy, mientras él muere cuando el sueño muere y la realidad se impone. Entonces yo existo. Y yo soy el que ama, yo soy el que existe y que cada vez que el gallo de la Nochebuena canta anunciando el alba ya no se niega a si mismo pese al frío día de invierno que se aproxima, y que por el solsticio saturnal cada día será más largo y cálido. Ya no tengo miedo, no como ese fatuo ser que es sueño vano.



miércoles, 13 de diciembre de 2017

Mundo redondo


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Cada día que pasa me alejo más del puerto de mis sueños, pero camino, navego; y gracias a la esfericidad del mundo llegaré hoy, mañana. Mi mundo es tan pequeño que nunca los pierdo de vista: en el horizonte siguen, tan grandes, reflejo en el mar del cielo.


Porque hay un lugar donde me están esperando, pero no me estarán esperando siempre. Y si me retraso, me retraso.

Amos Oz. Un descanso verdadero.



lunes, 28 de agosto de 2017

Los libros del verano. 2017. Junio, Julio y los reencuentros felices.

Uno no debería dejar de aprender nunca.
Quien cree que todo lo sabe o que poco le queda por ver se muere en vida en la tumba museo de sus recuerdos. En el vertedero de sus deseos muertos.
Entre el asombro y la vida nueva que cada día se estrena, los aprendices de todo y del Todo seguimos yendo a clase, y es duro el camino y es fatigosa la carga de un vacío por llenar o una existencia incompleta.
En la lectura vamos a clase otra vez, y estrenamos gomas de borrar y pinturas de colores. Siempre es Otoño en los libros, la estación del ir a clase llenos de expectativas.
Aunque sea Verano y estemos de vacaciones, las hojas caídas de un libro en nuestros ojos llenitos de ese asombro son la maestra otoñal de nuestra infancia, aquella que nos apartaba de la Casa Madre y que nos enderezaba para el conocimiento destino.
Hay mucha belleza en la intención de leer, porque nos vuelve niños que aprenden. Inconscientemente, aunque entre nuestras manos tengamos la novelucha más evasiva e intrascendente, lo que buscamos es el empuje aquel de la casa a clase.
Es que leer implica un sacrificio, apartarse de una vida y entrar en un terreno desconocido, a veces farragoso, a veces empinado, a veces turbio. Pero siempre hermoso porque ya lo dicen los sabios que escriben y sobre todo que leen: de un libro salimos otro.

Este verano, y en concreto en estas vacaciones en Agosto, he leído mucho, más que en los años anteriores. Y me he dejado invadir por esas otras vidas, las he vivido y me han rejuvenecido, haciéndome niño con ganas de más, niño que estrena sus pinturas de colores para decorar su mundo, niño que estrena goma de borrar de nata para corregir y quizá, por fin, olvidar.
En este paréntesis que son las vacaciones he decidido que ni el trabajo dignifica al hombre ni que la holganza lo embota. El trabajo es un instrumento de tortura, como su propia etimología dice. Trabajamos porque necesitamos comida, techo, ropa, y pagarnos nuestros muchos y excesivos vicios. Si por mi fuera me dedicaba a la lectura y el trabajo se lo dejaba a los apóstoles del madrugar y otros sadismos viles.
Antes de que quien me lea empiece a moralizar sobre mis ideas rebeldes y holgazanas -no dejo de ser el púber que se extasiaba ante la promesa de horas y horas de ocio vacacional- comentaré los libros de este verano.
Terminaba la primavera cuando me reencontraba felizmente con Paul Auster y su Brooklyn Follies, uno de sus libros mejores, que más me han gustado. Auster es un contador de historias, lo hace como pocos, viene de Dickens y ya sabemos que de Dickens no puede venir mala literatura. Dickens nos trae unas novelas de aprendizaje y es lo que hacemos en él, aprender. Auster es uno de sus alumnos mejores en estos días y con él seguimos sumergidos en ese conocimiento. Hay un libero que está un poco perdido y abandonado -una amiga me comparó con este personaje-, hay una niña que huye, hay un señor que narra y que también escribe y enumera sucesos:

El libro del desvarío humano, en él pensaba escribir, en un lenguaje lo más claro y sencillo posible, un relato de cada equivocación, torpeza y batacazo, de cada insensatez, flaqueza y disparate que hubiera cometido durante mi larga y accidentada existencia.



Comenzaba el verano cuando me reencontré con Julio Verne y su Martín Paz. Conocemos al Verne fundador - o casi - de la novela de ciencia ficción y al creador de grandes aventuras. Aún tengo el sabor que me dejaron La isla misteriosa -la primera que leí, de niño-, y Miguel Strogoff -Abre los ojos: mira-. Y sobre todo amamos al Verne de El rayo verde, una de las mejores novelitas rosas, a todo se atrevió este francés prolífico, polifacético, visionario y genial. Son mis tres preferidas. Y no he leído pocas de sus obras. En Martín Paz nos encontramos con otra historia de amor y con unos indios revolucionarios en el Perú del XIX. Una trágica historia con un final de leyenda.

Hacía años que no me reencontraba con Pepe Carvalho, por lo que que tomé, como en tantos meses de Julio, alguna de sus peripecias. Desde aquel desafortunado Yo maté a Kennedy no había vuelto a leer nada de Don Manuel Vázquez Montalbán. Con El laberinto griego me he reencontrado con todo lo mejor que el universo Carvalho puede ofrecer. Aquí nuestro gallego universal se nos está volviendo un poco crepuscular, lo que no quita para que gastronomía, sexo, política y demás ingredientes carvalhianos compongan el mejor menú. Con el trasfondo de la Barcelona preolímpica nos aventuramos en una peripecia de franceses y griegos; de proyectos, escombros y dependencias. La novela negra más inteligente, como sólo sabe cocinarla Vázquez Montalbán. Este libro tiene la anécdota personal de que me lo trajo un día un amigo diciendo que yo se lo había prestado, pero el libro no es mío. Tiene una dedicatoria:

Que no te pasen los años. Las personas, como el vino, mientras más viejas mejor. Con Cariño: (firma ininteligible) 13/5/91.


Lo que más leo últimamente es novela negra, o polar como dicen los franceses. Se me hace la boca agua cuando visito las librerías y miro los escaparates y veo todas esas colecciones. Ya en el siguiente post os presentaré al comisario Yureldergger, nueva promesa de este género.
Ya en el siguiente post os hablaré más de encuentros y menos de reencuentros, pues Agosto ha sido un mes de aventurarse con autores que no había leído. Como nuevas asignaturas para ir enriqueciendo de conocimiento a este escolar sempiterno: Juan Goytisolo, Ian Manook, Mark Oliver Everett. Hoy he ido a La Central de Callao para comprar algunos regalos y me he llevado también, para mi, Perros que duermen, la última novela de mi amigo Juan Madrid. A ver si aprovecho estos últimos días de vacaciones y me sumerjo en esta obra que promete horas de buena lectura, como siempre las hay con Juan.
De esta novela ha dicho Eduardo Mendoza:
Juan Madrid es genial. Leyendo este libro por poco pierdo un tren. Y es absolutamente verdad.
Vuelvo en unos días al trabajo y maldita la gracia que me hace quitarle horas a la lectura para el laboro nefando.
Tengo comenzadas también Anatomía de un instante,  de Javier Cercas, Velocidad de los jardines, de Eloy Tizón, y Alfabeto, de Inger Christensen; que al no tratarse de novelas me gusta que duren y quiero que me acompañen los últimos días del verano. De ellas, de estas obras, escribiré en un tercer post.


Y, el que es ahora mi libro de cabecera, El Libro de desasosiego, de Fernando Pessoa, que llevo meses leyendo, y los que me quedan.
Llevaba años sin escribirte una reseña, ni una crítica. ¿Recuerdas cómo hace 8, 7 años, te lo escribía todo? Cine, teatro, exposiciones, conciertos ...  Llevo más de un lustro de desatada vida social, de arrebatada vida que sería golosina para tus ojos voyeurs, ansiosos de mis pecados, algún día te escribiré mis noches y mis crepúsculos. Mis auroras y resacas.
Que voy borracho de ocio y de crepúsculos, como dijo Carlos Edmundo de Ory
Algún día te contaré cómo me enseñó y me ayudó a vivir mi libro mejor y favorito.
El Héroe de las mil caras, de Joseph Campbell.
Escuela pura y vuelta al aula de los días de escolar, libro necesario y cátedra.



martes, 11 de julio de 2017

Alba (2)

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Y ahora ven y trabaja en mi todo ese inmenso alba que he de despertar en ti.