lunes, 28 de agosto de 2017

Los libros del verano. 2017. Junio, Julio y los reencuentros felices.

Uno no debería dejar de aprender nunca.
Quien cree que todo lo sabe o que poco le queda por ver se muere en vida en la tumba museo de sus recuerdos. En el vertedero de sus deseos muertos.
Entre el asombro y la vida nueva que cada día se estrena, los aprendices de todo y del Todo seguimos yendo a clase, y es duro el camino y es fatigosa la carga de un vacío por llenar o una existencia incompleta.
En la lectura vamos a clase otra vez, y estrenamos gomas de borrar y pinturas de colores. Siempre es Otoño en los libros, la estación del ir a clase llenos de expectativas.
Aunque sea Verano y estemos de vacaciones, las hojas caídas de un libro en nuestros ojos llenitos de ese asombro son la maestra otoñal de nuestra infancia, aquella que nos apartaba de la Casa Madre y que nos enderezaba para el conocimiento destino.
Hay mucha belleza en la intención de leer, porque nos vuelve niños que aprenden. Inconscientemente, aunque entre nuestras manos tengamos la novelucha más evasiva e intrascendente, lo que buscamos es el empuje aquel de la casa a clase.
Es que leer implica un sacrificio, apartarse de una vida y entrar en un terreno desconocido, a veces farragoso, a veces empinado, a veces turbio. Pero siempre hermoso porque ya lo dicen los sabios que escriben y sobre todo que leen: de un libro salimos otro.

Este verano, y en concreto en estas vacaciones en Agosto, he leído mucho, más que en los años anteriores. Y me he dejado invadir por esas otras vidas, las he vivido y me han rejuvenecido, haciéndome niño con ganas de más, niño que estrena sus pinturas de colores para decorar su mundo, niño que estrena goma de borrar de nata para corregir y quizá, por fin, olvidar.
En este paréntesis que son las vacaciones he decidido que ni el trabajo dignifica al hombre ni que la holganza lo embota. El trabajo es un instrumento de tortura, como su propia etimología dice. Trabajamos porque necesitamos comida, techo, ropa, y pagarnos nuestros muchos y excesivos vicios. Si por mi fuera me dedicaba a la lectura y el trabajo se lo dejaba a los apóstoles del madrugar y otros sadismos viles.
Antes de que quien me lea empiece a moralizar sobre mis ideas rebeldes y holgazanas -no dejo de ser el púber que se extasiaba ante la promesa de horas y horas de ocio vacacional- comentaré los libros de este verano.
Terminaba la primavera cuando me reencontraba felizmente con Paul Auster y su Brooklyn Follies, uno de sus libros mejores, que más me han gustado. Auster es un contador de historias, lo hace como pocos, viene de Dickens y ya sabemos que de Dickens no puede venir mala literatura. Dickens nos trae unas novelas de aprendizaje y es lo que hacemos en él, aprender. Auster es uno de sus alumnos mejores en estos días y con él seguimos sumergidos en ese conocimiento. Hay un libero que está un poco perdido y abandonado -una amiga me comparó con este personaje-, hay una niña que huye, hay un señor que narra y que también escribe y enumera sucesos:

El libro del desvarío humano, en él pensaba escribir, en un lenguaje lo más claro y sencillo posible, un relato de cada equivocación, torpeza y batacazo, de cada insensatez, flaqueza y disparate que hubiera cometido durante mi larga y accidentada existencia.



Comenzaba el verano cuando me reencontré con Julio Verne y su Martín Paz. Conocemos al Verne fundador - o casi - de la novela de ciencia ficción y al creador de grandes aventuras. Aún tengo el sabor que me dejaron La isla misteriosa -la primera que leí, de niño-, y Miguel Strogoff -Abre los ojos: mira-. Y sobre todo amamos al Verne de El rayo verde, una de las mejores novelitas rosas, a todo se atrevió este francés prolífico, polifacético, visionario y genial. Son mis tres preferidas. Y no he leído pocas de sus obras. En Martín Paz nos encontramos con otra historia de amor y con unos indios revolucionarios en el Perú del XIX. Una trágica historia con un final de leyenda.

Hacía años que no me reencontraba con Pepe Carvalho, por lo que que tomé, como en tantos meses de Julio, alguna de sus peripecias. Desde aquel desafortunado Yo maté a Kennedy no había vuelto a leer nada de Don Manuel Vázquez Montalbán. Con El laberinto griego me he reencontrado con todo lo mejor que el universo Carvalho puede ofrecer. Aquí nuestro gallego universal se nos está volviendo un poco crepuscular, lo que no quita para que gastronomía, sexo, política y demás ingredientes carvalhianos compongan el mejor menú. Con el trasfondo de la Barcelona preolímpica nos aventuramos en una peripecia de franceses y griegos; de proyectos, escombros y dependencias. La novela negra más inteligente, como sólo sabe cocinarla Vázquez Montalbán. Este libro tiene la anécdota personal de que me lo trajo un día un amigo diciendo que yo se lo había prestado, pero el libro no es mío. Tiene una dedicatoria:

Que no te pasen los años. Las personas, como el vino, mientras más viejas mejor. Con Cariño: (firma ininteligible) 13/5/91.


Lo que más leo últimamente es novela negra, o polar como dicen los franceses. Se me hace la boca agua cuando visito las librerías y miro los escaparates y veo todas esas colecciones. Ya en el siguiente post os presentaré al comisario Yureldergger, nueva promesa de este género.
Ya en el siguiente post os hablaré más de encuentros y menos de reencuentros, pues Agosto ha sido un mes de aventurarse con autores que no había leído. Como nuevas asignaturas para ir enriqueciendo de conocimiento a este escolar sempiterno: Juan Goytisolo, Ian Manook, Mark Oliver Everett. Hoy he ido a La Central de Callao para comprar algunos regalos y me he llevado también, para mi, Perros que duermen, la última novela de mi amigo Juan Madrid. A ver si aprovecho estos últimos días de vacaciones y me sumerjo en esta obra que promete horas de buena lectura, como siempre las hay con Juan.
De esta novela ha dicho Eduardo Mendoza:
Juan Madrid es genial. Leyendo este libro por poco pierdo un tren. Y es absolutamente verdad.
Vuelvo en unos días al trabajo y maldita la gracia que me hace quitarle horas a la lectura para el laboro nefando.
Tengo comenzadas también Anatomía de un instante,  de Javier Cercas, Velocidad de los jardines, de Eloy Tizón, y Alfabeto, de Inger Christensen; que al no tratarse de novelas me gusta que duren y quiero que me acompañen los últimos días del verano. De ellas, de estas obras, escribiré en un tercer post.


Y, el que es ahora mi libro de cabecera, El Libro de desasosiego, de Fernando Pessoa, que llevo meses leyendo, y los que me quedan.
Llevaba años sin escribirte una reseña, ni una crítica. ¿Recuerdas cómo hace 8, 7 años, te lo escribía todo? Cine, teatro, exposiciones, conciertos ...  Llevo más de un lustro de desatada vida social, de arrebatada vida que sería golosina para tus ojos voyeurs, ansiosos de mis pecados, algún día te escribiré mis noches y mis crepúsculos. Mis auroras y resacas.
Que voy borracho de ocio y de crepúsculos, como dijo Carlos Edmundo de Ory
Algún día te contaré cómo me enseñó y me ayudó a vivir mi libro mejor y favorito.
El Héroe de las mil caras, de Joseph Campbell.
Escuela pura y vuelta al aula de los días de escolar, libro necesario y cátedra.



martes, 11 de julio de 2017

Alba (2)

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Y ahora ven y trabaja en mi todo ese inmenso alba que he de despertar en ti.

lunes, 10 de julio de 2017

Alba


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Y ahora ven y despierta en mi todo ese inmenso alba que he de trabajar en ti.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Enamoramiento

La ninfa Erato, (Ἐρατώ, 'la amorosa')
musa de la poesía y la canción amorosa.
Edward John Poynter


Mirada furtiva
¿En dónde te escondes?
¡Que sé que me has mirado!
Por algo estoy enamorado ...


lunes, 31 de octubre de 2016

¿Cuál es tu don?

Mi nombre es David, y puedo volar.
Hace años tenía miedo a llevar a alguien en mi vuelo, por si caía yo dañar a mi compañera.
Hoy sé que eso no puede suceder, nadie que vuele conmigo, si se mantiene a mi mano, caerá, pues sé que puedo volar al igual que puedo caminar, al igual que respiro. Tan natural como todo ésto.


jueves, 13 de octubre de 2016

Con Bob Dylan la Academia Sueca premia La Poesía en sus orígenes




Hoy la academia sueca ha premiado un tipo de poesía que nunca fue premiado, el del ser humano en sus orígenes, que no sabía escribir, pero sí sabía cantar, y cuando quería rezar, mostrar una emoción, un sentimiento, una queja, o contar una historia épica o amorosa digna de ser contada, para que no cayera en el olvido y fuera difícil de olvidar y fácil de transmitir de boca a boca, de generación en generación, siempre se hacía acompañar por la música. La poesía nació cantada, que luego sólo se considerara como poesía la cosa escrita para elitistas fue una derivación. Por eso hoy, más que muchas otras veces, el Nobel de Literatura ha sido justo, premiando a un poeta que canta sus versos. Felicidades, Mr. Dylan.



lunes, 3 de octubre de 2016

Negaciones y negociaciones entre dos ángeles cegados por el llanto





-El deseo es infinito.
-No, el deseo es breve, y es más, es neutro, se torna del color del alba en que despiertas. Se eleva como una paloma hacia la cima del cielo y vuelve hacia el ocaso como el Carro del sol.
-La muerte vibra.
-No, la muerte no se mueve y es quieta, no avisa y no amenaza, es el zarpazo voraz del silencio, la cuna oscura de los nonatos, la matriz sin vías de escape.
-La pena es lágrima.
-No, la pena es la sonrisa amarga e impotente del payaso mundo, del destierro de la experiencia, de la nada y del nunca; sobrecoge y empuja el llanto, pero no es el llanto.
-El amor es sendero.
-No, el amor se acaba, el amor no llega, el amor es cómo y es quién y es qué; pues el amor delimita las parcelas de la necesidad de la persona, de la cultura, del cosmos civilizado; pues si se abriera el amor sería como la tierra abriéndose por la impetuosidad de los mares.
-La memoria es emotiva.
-No, la memoria es un museo ...
-El libro es árbol, pues tiene hojas.
-No, basta, no tienes ni idea de tus afirmaciones, vienes y dices como quien está cargado de sabiduría y experiencias, pero no, no sabes ni andar, ni mirar, ni respirar.
- ...
-Sí, llora, pues por no saber no sabes ni saber la pena, ni gustas bien del amor, ni sabrás morir, pues no has sabido vivir. Quién te dijo que abrieras la boca, qué te hizo suponer que ibas a ser escuchado, cómo te has atrevido a aseverar ...
-El infinito es deseo, la vibración se muere, la lágrima es pena, el sendero es amor, la emoción es memoria, y el árbol es libro, pues tiene hojas.
-No sé, calla.
- El deseo es infinito, la muerte vibra, la pena es lágrima, el amor es sendero, la memoria es emotiva, el libro es árbol, pues tiene hojas.
-Calla, no sé.
-El infinito es deseo, la vibración se muere, la lágrima es pena, el sendero es amor, la emoción es memoria, y el árbol es libro, pues tiene hojas.
-¡Calla, ya!
-...
-Qué sabré yo, Vida, de todas esas hojas y su memoria. ¡Qué sabré yo, ángel cegado por el llanto!




sábado, 27 de agosto de 2016

Tienes, tienes, tienes

El baño de las ninfas
George Owen Wynne Apperley

Tengo, tengo, tengo
tú no tienes nada
tengo tres ovejas
en una cabaña
una me da leche 
una me da lana
y otra mantequilla
para la semana.
Caballito blanco 
llévame de aquí
llévame hasta el pueblo
donde yo nací.
(Canción popular infantil)


Tienes, tienes, tienes
yo no tengo nada
tienes tres amigas
que coquetas bailan
un hada que te dice
otra que te habla 
y otra te murmura
todas mis hazañas.
Mi yegua gallarda
llévame de aquí
llévame hasta el reino
que un día perdí.

Tienes, tienes, tienes
yo no tengo nada
tienes un amante
que te sueña al alba
dentro de tu luna
una voz que canta
con lengua de estrellas
y una mano sabia.
Mi yegua gallarda
llévame de aquí
llévame hasta el reino 
que un día perdí.


Tienes, tienes, tienes
yo no tengo nada
tres lindas doncellas
te cuidan y acompañan
una que te cose
otra que te lava
y otra que te reza
todas mis plegarias.
Mi yegua gallarda
llévame de aquí
llévame hasta el reino
que un día perdí.

Tienes, tienes, tienes
yo no tengo nada
tienes un palacio
con cuarenta estancias
un jardín de frutos
que tiembla si pasas
y una fuente dulce
donde tú te bañas
Mi yegua gallarda
llévame de aquí
llévame hasta el reino 
que un día perdí.

jueves, 11 de agosto de 2016

Toda literatura sobre lo nuestro es vana


Adán y Eva según Lucas
Cranach el Viejo

Toda literatura sobre lo nuestro es vana.
No quiero comprender tu mundo
-tampoco quiero que tú entiendas
lo mío-
Con contemplar abrazar
unirme a ti me basta.
Porque tu boca y la mía sólo dirán 
mentiras.
Todo lo que sea intentar ser claros
honestos sinceros francos
será misión suicida estrellada
contra el muro de un mundo mudo.
Tu boca sólo dice mentiras
tu cuerpo sin embargo es verdad.
Mi boca será esquiva
mientras que
en tu cuerpo mi cuerpo se refugia.
Toda literatura sobre lo nuestro es vana.

martes, 15 de marzo de 2016

Pura música

El sueño de la razón produce monstruos,
de don Francisco de Goya


Sentir sin el sustento de la razón ni de palabra alguna.
Sentir la pena y la alegría, el gozo y el dolor, el amor y el odio, el deseo y el asco como si fuesen pura música, pues el pensamiento limita y sesga, profana y equivoca.