lunes, 9 de marzo de 2009

Posiciónate. (Ya llega el sol, llora y mata cotorras verdes)

Es extraño, pero hay posicionamientos mejores y peores para la concentración a la hora de la lectura. Si coloco la cabeza en la almohada, en el cabezal de la cama, no me concentro pero nada de nada, se me va la olla, quizá, so estúpido, porque es la postura en que duermes, idónea para soñar despierto. Sin embargo, ahora que los días son más largos, aprovecho la luz del sol hasta quedar en penumbras leyendo a los pies, me resisto a encender la luz de la lamparilla y poner la cabeza en el cabezal. Es así como me concentro, cabecita debajo de la ventana, aprovechando el sol hasta su agonizante huída. Después debo encender el flexo y para no caer en la tentación del limbo, me posiciono en un lateral, los pinreles alzados, las plantas sobre Cary Grant y Katherine Hepburn, que es la foto de Marzo del calendario del Fotogramas, que es el que yo utilizo para hacerme una idea de dónde andamos. Así me cabreo con ganas con Fernando Savater, que pone su voz a Ulises para declarar osado que no oyó cantos de sirenas cuando fue atado al mástil sin cera en los oídos, y que se puso a cantar para que los otros creyeran que gritaba. O para aplaudir a Frank Sinatra cuando declara que la mejor canción del tándem Lennon-McArtney fue Something, compuesta por George Harrison. Últimamente me ha dado por escuchar la discografía completa del los cuatro magníficos de atrás a delante, empezando por el Let It Be. Harrison quizá no fuera el más carismático -Lennon- o el más talentudo -McAtney- o el más entrañable -el bueno de Ringo-. Pero sí era el más profundo, quizá el más auténtico. En estos días en que el sol se va quedando, acompaña más y mejor Harrison que los otros.



Hay que tomar posición, para que no se vaya el sol de la lectura. Así leo unos cuantos poemas salmódicos y permutatorios de Cirlot, y hasta, creo que por primera vez en mi vida, se ma salta alguna lagrimilla leyendo poesía, y recito en alta voz:

Le he contado a mi madre que tú no me querías
Por mi cuarto asustado violetas se pasean
no me busques ya nunca, no me busques ya nunca
debajo de esta luna, de este llanto debajo


Pero estas lecturas han sido de hoy por la tarde, ayer bien que me reía con el filólogo Francisco Rico, el asesino de las verdes cotorras silvestres. Envidiando su biblioteca, como envidio toda biblioteca que no sea la mía. No sé cómo se puede ser tan erudito y extravagante a la vez, lean esta entrevista, y verán que ser raro es algo que sólo pueden permitirse las celebridades. Sí, las filológicas también.
Pues a mí me caen bien las cotorras verdes silvestres. Todas las mañanas las veo en el recinto de mi trabajo. Pese a su parloteo, me agrada mirarlas. Es un recinto por donde sobrevuelan avecillas de diversa índole. Cantan mejor esos pájaros negros que vienen hacia la puerta de la cocina a picotear el pan, no sé si son cuervos, urracas, bencejos o mirlos negros. Qué se yo de ornitología y de taxonomías de canticos. Con mirar y escuchar me basta. Quien se atreve a entender quizá acabe aniquilando el motivo de su goce.
¿Por qué me gusta tanto leer también sentado en el sofá con los piés en alto, mejor si es con luz solar? Quizá el día que lo descubra termine el gusto por la lectura.

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